Bandolera

Álvaro se encara con Martina, seguro de su implicación con el veneno


Miguel está preocupado porque ve a Sara rara, especialmente al hablar de niños.

 Germán cuenta a Carmen que el chantajista nunca más les molestará.

Ella duda sobre emigrar a Barcelona pero sabe que es la mejor solución para evitar el amor de Germán.

Olmedo echa humo porque Carranza se le ha vuelto a escapar tras la emboscada, mientras que Miguel está preocupado porque nota a Sara distante y rara, especialmente al hablar de niños. La inglesa recibe una carta del convento de Río Tinto que provoca más confusión en su mente y más zozobra en su alma.

Juanito sufre del mal de amor, porque ve que Julieta no le hace ni caso a pesar de sus románticas cartas. Roberto se esfuerza en animar y dar consejos a su hermano menor. Incluso Flor se ofrece a ayudar al pequeño de los Pérez. Mientras, Julieta está muy intrigada por descubrir quién es su admirador secreto.

Marcial certifica que Bernardo ha muerto envenenado. La confusión reina en el hogar de los Montoro, aunque Olmedo, como siempre, culpa a los jornaleros anarquistas del intento de asesinato hacia Don Germán. Martina intenta acercar posturas con su marido, pero Álvaro cree que lo del veneno ha sido cosa de la cubana y no duda en encararse con ella.

Por su parte, Germán cuenta a Carmen que el chantajista nunca más les molestará. Ella tiene dudas sobre emigrar a Barcelona pero sabe que es la mejor solución para evitar caer de nuevo en los brazos del Montoro.

El Padre Damián está muy preocupado porque las altas instancias eclesiásticas le acusan de promover poco el cristianismo en Arazana. Eso podría suponerle su marcha a otra parroquia, en otro pueblo. Pepe, pensando en el negocio de aguardientes que tiene a medias con el cura, intentará que ese traslado no se produzca.