Bandolera

Álvaro Morte es Adolfo Castillo


Adolfo era un chico de la calle, que estaba más tiempo en los billares que en la escuela, cuando su madre viuda, desesperada, pidió ayuda a un hermano suyo para ver si podía meterle en vereda.


El tío de Adolfo, que era jefe de redacción de “Las Novedades”, un periódico noticiero madrileño, lo metió de chico de los recados. Adolfo, nada más entrar, se quedó cautivado por el ambiente que se vivía en el mundo del periodismo. Se ganó a la redacción por su simpatía, desparpajo, y su habilidad para buscar la noticia. Poco tiempo después comenzó a colaborar en el periódico.

Este joven tenía madera para encontrar las noticias más impactantes y hallar la verdad en los asuntos más turbios. Sin duda, era un periodista de raza. Pronto, sus artículos empezaron a tener fama y, como era de esperar, Castillo fue contratado por un periódico de mayor tirada, “El Imparcial”.

Sus artículos y crónicas políticas, cargadas con un brillante y agudísimo ingenio, se hicieron famosas. Y él también. Éste sabueso del periodismo, atractivo y embaucador pasó a escribir en el “Liberal”, un periódico más populista.

 


 

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