Bandolera

Avance de la semana: “Antonio se confiesa”


El Chato cambia la vida de Albert de la noche a la mañana. Por casualidad, el forajido encuentra un camafeo del escocés donde lleva la fotografía de una mujer que no es Sara. Cuando Reeves se entera, pide explicaciones a su prometido. A este, acorralado, no le queda otra que confesar: “Estoy enamorado de una sirvienta de mi castillo”.

Entre tanto, Germán y Carmen siguen agobiados por el anónimo recibido.

Dada por zanjada su relación con Richmond, Sara empieza a indagar sobre sus orígenes. “¿Me puede dar la dirección exacta de un convento que hay en Río Tinto?”, pregunta al padre Damián.
 

Miguel está volcado en su trabajo para olvidar el rechazo de Sara. Ajena a esto, ella recibe en su cuarto la visita de Roberto. La joven se siente atraída por el jornalero y están a punto de hacer el amor, pero Reeves se arrepiente.
Mientras, el Ayuntamiento del pueblo recibe unos fondos por parte de la administración central. Don Damián insiste en que el dinero se destine a arreglar la iglesia y Cosme a mejorar el pueblo. Albert les propone que se lo jueguen a un partido de fútbol.

Al día siguiente, los lugareños de Arazana reciben la visita de Elvira, la mujer del gobernador. La aristócrata se instala en la posada de la Maña para preparar la llegada de su marido. Albert es el que se muestra más atento con ella.

En el cuartel, el astuto capitán Olmedo investiga las razones por las que Antonio ha llegado a Arazana, puesto que sospecha que no es una persona de fiar. “Vigila de cerca al ingeniero de minas”, ordena a Miguel Romero.
Reeves cita a Romero en su habitación. Está muy arrepentida de su encuentro con Roberto y se cree en la obligación de pedirle perdón. Aprovechando el momento, la inglesa también le revela el contenido del testamento de su tío Richard.

Poco después, Germán recuerda viejos tiempos con Carmen. La pareja termina la conversación dándose un apasionado beso.


Luego, Reeves se despide de Albert Richmond, que parte para Inglaterra. La joven le pide que se haga cargo de sus posesiones hasta que ella regrese.


En el cuartel del pueblo, Olmedo obliga a Antonio a descubrir su verdadera identidad: “Soy un guardia civil encubierto”.

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