Bandolera

Carles Francino elige Altafulla: «Un espacio para desconectar»


Se ha instalado en Madrid hace dos meses y aprovecha cualquier ocasión para escaparse a Altafulla, un pueblecito costero de Tarragona donde vivió hasta los doce años. «Nací en Barcelona por casualidad, porque a mi madre le tocó allí, pero aquí me he criado y he pasado todos los veranos. Es el lugar donde tengo la mayor parte de mis recuerdos», explica a punto de comenzar un fin de semana que promete ser soleado y en el que tendrá que hacer de anfitrión de algunos compañeros de rodaje de la serie «Bandolera», en la que Carles interpreta al teniente Romero, un guardia civil del siglo XIX.

Echa de menos el contacto con el mar, presente en su infancia: «El mar es todo para mí, libertad, inmensidad, es infinito. Tenerlo delante de casa me produce sentimientos encontrados, por un lado un cierto miedo porque es algo inabarcable. Pero a la vez me da seguridad y tranquilidad. Me gusta dormir con el arrullo de las olas. Desde la terraza de mi casa de Altafulla lo único que ves es el mar».

Por eso no pierde ocasión de pasear junto a la orilla o tomarse un respiro: «A la izquierda de mi casa hay una cala muy pequeña, la playa de los capellanes. A finales del invierno e inicio de la primavera, que no hay mucha gente, me gusta mucho sentarme en la arena, con esa luz de las seis o siete de la tarde, quizás con un jersey porque hace un pelín de frío», explica.

De fondo, además del relajante sonido de las olas, podría escuchar algo de soul, «la música de mis padres cuando yo era pequeño y es lo que me viene ahora mismo a la memoria. Aretta Franklin, tranquilito pero con alegría. Habría mil canciones que recordar, pero ahora mismo destacaría esa, por la simple razón de que la casa ha quedado para fines de semana y verano y los dos o tres cds que quedan, del estilo de “los mejores clásicos del soul”, son los que suelo poner», explica Carles Francino, hijo del periodista del mismo nombre.

Carles describe Altafulla como «un pueblo pesquero de toda la vida, típico de la Costa Dorada, que en estos años ha crecido bastante pero que gracias a Dios conserva bastante bien el casco antiguo. Sin duda es mi espacio perfecto para desconectar. Un tratamiento antiestrés total». Y no necesita hacer nada especial para lograrlo, «solo con paseos, ir a comprar, comer, hacer la siesta. Aunque no todo el mundo aguanta esta tranquilidad, sobre todo en invierno. Pero yo estoy acostumbrado y me puedo pasar aquí una semana como mínimo».

En buena compañía

Aunque para esta ocasión, en la que tiene invitados, tiene previsto algo más de movimiento. Paseo por la playa, «pisando la arena, algo obligado cuando vienes a Altafulla», y si cuadra «igual nos tiramos al agua también. Me llevaré también una pelota de fútbol, para darle unos toques». Y después del ejercicio, una buena calçotada, plato típico de la gastronomía catalana que suele tomarse en esta época del año: «Un ritual muy campestre, sin cubiertos, pelar las cebollas con las manos y luego ponerles salsa romescu. Está delicioso y es muy divertido». Y con pocas complicaciones, «asados al fuego. Me ayudan un par de colegas. La cocina no es lo mío, fregar platos se me da mejor».

Cuenta que su vocación como actor se despertó tarde y por sugerencia de una amiga: «Yo estudiaba Sociología, sobre todo en el bar de la facultad, donde se aprende mucho. No se me daba muy bien, no porque fuera aburrido, sino porque yo no había encontrado mi sitio. Estaba perdido en los 19-20 años cuando una amiga me animó a probar el teatro. Y me enganché a muerte, me volqué con la interpretación y hasta hoy», explica. Aquí en Altafulla rodó una serie aún pendiente de emisión, «Punta Escarlata», en la que interpreta a un policía que llega a un pueblo costero a investigar un crimen. «Fue muy bonito, me comentaron el proyecto antes de hacer el casting, que se iba a rodar por Tarragona, y uno de los pueblos era el mío. Me quedé de piedra. No tuve duda de que tenía que ser para mí. En algún momento asesoré en lo que podía con los exteriores, porque “estaba en mi casa”. Fue una experiencia muy bonita, que no creo que se repita».

No tiene preferencia por ningún papel pero prefiere «los que no tienen nada que ver conmigo, el niño guapito, chulito, rubito, de playa. Me apetece mucho porque tengo que trabajarlos más, construir, buscar otras cosas». Esta contento con lo que hace en este momento en la serie «Bandolera», en una franja horaria díficil, en la sobremesa. Los largos rodajes le impiden tener más contacto con la naturaleza entre semana, y tiene que contentarse con un paseo alrededor de la manzana para sacar a su perra Gota, un bulldog inglés. Carles dice que no es de mucho caminar, prefiere correr para mantenerse en forma, aunque no siempre puede hacer por cuestiones de trabajo.

Cuando está en Alfafulla, le gusta pasar tiempo con sus amigos en otro de sus rincones favoritos, lleno de recuerdos: «Lo llamamos las escaleras y está en la zona de los Munts. Allí quedábamos y lo seguimos haciendo después de cenar cuando sales de fiesta. O cuando no te apetece salir y prefieres tomar una cerveza traída de casa, porque es un rincón sin bar, pero tiene una vista preciosa de la playa y el paseo hasta el castillo de Tamarit. Es un sitio emblemático por todo lo que he vivido allí, desde mi primer beso hasta hoy. Para mí significa amistad, alegría constante y sonreír».

Fuente