Bandolera

David&Eduardo, una comedia “de las de toda la vida” sobre la miopía conyugal


Fernando Conde y Juan Gea encarnan a los dos protagonistas

“Una mujer que estaba con dos, y a cada uno le daba una cara…Para que veas…”, advertía una señora a su amiga a la salida del Nuevo Teatro Lara (nuevo por dentro, la fachada aún con andamios) donde acababan de ver David&Eduardo. Tras algunas funciones previas -para conocidos- ese jueves tenía lugar el estreno de la versión española de David&Eduardo, una comedia de Lionel Goldstein, a la que asistió el propio autor británico, sentado junto a su mujer, entre el público.

La versión española, la dirige Ángel Fernández Montesinos y los únicos papeles los encarnan dos actores muy populares: Fernando Conde y Juan Gea.

Dos hombres y ¿una mujer?

La señora que no salía aún de su asombro resumía bien este argumento que aunque parezca insólito tantas veces se ha dado en la vida real, aunque quizás no exactamente como aquí se cuenta. David, hombre de negocios neoyorquino, de origen judío, acude al entierro de su mujer Florence (o Flo, como él la llamaba). En un momento en el que está solo ante la tumba aparece otro caballero que pretende -en contra de la costumbre judía- dejar un ramo de flores junto a la sepultura.

“Es una historia que no puedes contar mucho porque enseguida la destripas”, nos explica el actor Fernando Conde, unos minutos antes de pisar el escenario.

“Es una comedia de las de toda la vida…pero no sólo es una comedia de divertimento porque habla de sentimientos comunes a todos los seres humanos”, apunta Conde a quien todo el mundo conoce; unos por su larga experiencia teatral -y en especial, en el terreno del teatro clásico-,  todos por sus ocho años en Martes y Trece, un proyecto que surgió de “tres actores en paro”.

Hoy, Fernando Conde resalta que toda su carrera -incluido ese periodo entre 1977 y 1985 del que se siente muy orgulloso- pertenece aluniverso teatral.

Aunque nunca volvió a reunirse con Yuste y Salcedo para ser Martes y Trece, sí ha coincidido con Millán Salcedo en la zarzuela Los sobrinos del capitán Grant que representaron las pasadas Navidades y en la que seguramente coincidirán de nuevo a fines de este año.

Mucha gente conoce también a Juan Gea por sus muchas caras televisivas (Bandolera, Calle nueva) y cinematográficas (Las cosas del querer, GAL o El perro del hortelano donde coincidió con Fernando Conde). Su carrera teatral se remonta a los principios de los ochenta y ha hecho un poco de todo. Los últimos años, desde 2008 hasta 2010, los ha pasado interpretando el papel de Antonio en El mercader de Venecia cuya vida pretende cobrarse un mercader judío Shylock que no era otro que Fernando Conde.

La miopía de los cónyuges

Volviendo a la obra que nos ocupa, Juan Gea destaca otro de los temas principales de esta comedia-melodrama: la miopía que se va desarrollando en los miembros de la pareja, al correr los años. Por eso, David no reconoce a su mujer en las cosas que le cuenta Eduardo de ella y no sale de su asombro al saber que ella hablaba con Eduardo de política, que le gustaba la ópera y que su preferida era Carmen de Bizet.

“La vida”, concluye Gea, citando de memoria uno de los parlamentos de la obra, “no se mide por los días, ni los meses, sino por las emociones, los recuerdos, la calidad no la cantidad”. Y en este sentido, su personaje (Eduardo) ha conocido la mejor parte de Florence.

Los encuentros entre David y Eduardo se sucederán y en ellos habrá muchas confidencias, mucha tensión (“es usted un cerdo”, llegará a decirle David a Eduardo,”y usted un gilipollas”), fina ironía (de David que llama flores a las flores, hacia Eduardo que las llama “adorno floral”) mucha terapia expresiva…y confesiones por ambaspartes.

Y como era de esperar, una relación de amistad entre dos hombres maduros muy distintos y solos que se ira abriendo camino poco a poco. El marido despechado ira transformándose (y pasará de la indignación a la comprensión) a medida que avance el relato de su “contrincante”.

Sin duda, Fernando Conde y Juan Gea están en su mejor momento para encarnar y proporcionar todos sus matices a estos dos personajes de Lionel Goldstein.

La escena más conmovedora (aunque esperable) tiene lugar cuando al final, los dos vuelven a reunirse ante la renovada lápida de Florence. No únicamente por lo que está escrito en ella sino también por la reflexión que David le entrega Eduardo: “cualquier relación pasa porsuperar los pequeños problemas cotidianos…”.

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