Bandolera

Reportaje a Iván Hermes, Álvaro Montoro en ‘Bandolera’, en Lavinia


¿Qué ha aportado ‘Bandolera’ a tu carrera?

Me ha aportado un montón de cosas, entre otras, me ha vuelto a poner en circulación ya que he pasado muchos años apartado de la actuación televisiva, he hecho más teatro que otra cosa. Incluso había gente por la calle que me decía: “¿Ya no eres actor? Es que no te vemos en la tele”, y es que hay un sector del público que si no sales en televisión parece que no trabajas y ‘Bandolera’ ha conseguido darme a conocer de nuevo.

También me ha dado mucha inmediatez, mucha resolución, mucha calma, mucha experiencia con el equipo porque ha sido la vez que mejor me lo he pasado trabajando con ellos, los técnicos son espectaculares y hacen que el trabajo sea muy sencillo. He crecido mucho como persona y como actor porque al ser un ritmo de trabajo tan duro me ha hecho ver lo fuerte que estoy (risas).

¿Cómo ha evolucionado Álvaro Montoro, tu personaje en la serie, en estos más de 300 capítulos?

Ha tenido muchos altibajos, es un personaje que al principio estaba muy definido, pero se fue diluyendo y ha llegado a convertirse en un personaje bueno por el accidente que le ha dejado paralítico. Álvaro está torturado por los numerosos traumas que tiene y tantos han sido que ni los ha podido mantener, los ha ido eliminado de su vida para aceptar las nuevas cosas que le pasaban.

En ese sentido los guionistas se lo han pasado muy bien con él porque le han hecho de todo, desde  desertar en medio de una guerra, ser un cobarde, matar como a cuatro personas sin querer… son muchas cosas como para tenerlas en cuenta día a día.

El personaje, en ciertos momentos, ha sido complicado de afrontar, pero me lo he pasado muy bien porque hacer de malo siempre es muy gratificante (risas).

¿Cómo se le dan matices nuevos a un personaje que ya está tan rodado?

En eso me han ayudado mucho los guionistas porque le han pasado cosas tan estrambóticas a mi personaje que no me ha dado tiempo a dibujarlo del todo, siempre aparecía un evento nuevo que hacía que se desdibujara y se comportara de una manera diferente.

Cuando hago un personaje intento hacerlo lo más relajado posible, no me meto en el papel ni creo una estructura muy cerrada, sino que simplemente me dedico a decir las cosas lo más relajado que me permite este trabajo. En este caso la tele te permite poca relajación (risas), pero lo máximo posible, aunque si te pasas de relajación un tipo malvado se convierte en un tonto.

Álvaro se ha ido quedando sin familia según iban pasando los capítulos…

Me he quedado muy solo en los decorados (risas) Primero fue Martina, luego mi padre, Roberto que vino y luego se marchó… Es un poco triste porque la casa es muy grande y me siento un poco solo (risas).

¿Te habría gustado vivir en aquella época?

Como Iván no, como Álvaro Montoro sí. Como Iván sería un cómico y viviría debajo de las encinas, comiendo lo que pudiera… siendo Álvaro no me habría importado. Es un época extraña, en 1890 habría preferido estar en el Oeste americano que en España, quizá habría vivido más aventuras (risas).

¿Qué le dirías a Álvaro si te lo encontraras frente a frente?

Le diría que se relajara un poco y disfrutara más de la vida, que es un hombre muy torturado y se toma muy en serio todo.

¿Te gusta el mundo del vino?

No entiendo mucho, me limito a observar las botellas porque según me han dicho si el culo de la botella es profundo es un buen vino, eso es lo que sé. Agitarlo en el vaso y ver la lágrima caer, probarlo y que me guste. Lo que si tengo es un buen paladar y aprecio un buen vino.

¿Qué te ha parecido la cata en la tienda de vinos Lavinia (C/ José Ortega Y Gasset, 16) en Madrid?

Me ha gustado mucho la cata y poder hablar con alguien que entiende de vinos porque te hace aprender un montón. Ir probando vinos de la mano de alguien que sabe de ellos es muy agradable e enriquecedor. El sitio es muy agradable y la Cata 14, donde están los vinos más caros, es impresionante.

¿Cuánto estarías dispuesto a pagar por una botella de vino?

No se cuanto estaría dispuesto a gastarme, 200€ como mucho y tendría que ser un vino buenísimo, pero no lo sé, porque depende de lo que esté ganado en cada momento. La vida del artista tiene muchos altibajos, unos meses tienes muchísimo trabajo y en otros no tienes nada.

Háblanos de tu nueva obra de teatro, ‘Yerma’, que compartes cartel con otro compañero de ‘Bandolera’, Marcial Álvarez y con Silvia Marsó de ‘Gran Hotel’…

Mi personaje es el de Víctor, el amor platónico de Yerma, un pastor que personifica la posibilidad de la fertilidad y la masculinidad, todo lo que Yerma no tiene a su lado. Es un personaje muy bonito con pocas escenas pero mucho texto, son muy intensas.

Estoy encantado con la sensibilidad que tenía el señor Federico García Lorca, son unos textos magníficos, y el director, Miguel Narros, también tiene una sensibilidad exquisita.

 

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