Bandolera

Ruth Gabriel: ‘Ser la amiga de Espinete no tenía mucho glamour’


Tormenta de verano en pleno mes de enero. El Teatro Zorrilla en Valladolid acoge este fin de semana un thriller ‘con fuertes subidas y bajadas emocionales’ bajo la dirección de Tamzin Townsend (Un Dios salvaje, Días de vino y rosas) y texto de Jorge Roelas. Este sábado (19.30 y 22.00 horas) y domingo (19.00 horas) una madre y sus dos hijas rinden cuentas con el pasado en el escenario. Ruth Gabriel (Cádiz, 1975) habla de ‘Verano’, obra en la que comparte historia con Ana Marzoa y Lidia Navarro.

Nada es lo que parece, thriller, tormenta de verano… ¿Y tres malvadas mujeres?

Son mujeres pero podrían ser hombres. De hecho esta obra estaba pensada para dos hombres y una mujer, dos hermanos y la madre. Por cosas casuales se cambió a tres mujeres, no por la trama. Tres mujeres parece que hablan más el mismo idioma. Somos muy tremendas.

¿Gabriela es la más fiera?

Me gusta hablar de Gabriela contando mi primera impresión cuando leí el libreto. Imagino que lo que va a ver la gente es a una mujer muy ‘cabrona’, tal cual. Pero recuerdo estar leyendo el librero y ver una gran vulnerabilidad, una necesidad de sentirse querida, amada, valorada. Pongo el ejemplo de los niños, que vemos que algunos son agresivos, de pronto muerden o pegan. Lo que buscan es atención constante, piden que les hagan caso, que los quieran, y piden ese amor a zarpazos. Hay muchos adultos que eso no lo superan y en la vida adulta siguen buscando el amor a zarpazos. Gabriela es así, necesita que la quieran, que le den su sitio y espacio y lo hace a mordisco limpio.

¿Se encuentra cómoda en el papel de mala?

A los actores nos obligan a buscar la empatía con nuestro personaje. Si hace falta hasta con Hitler. Y ahí está el punto de fascinación absoluta, que llegas a sentir compasión por alguien tan detestable. No veo buenos o malos, no juzgo, no somos ese personaje nunca.

¿Cómo se consigue humor con una historia tan seria?

Tamzin Townsend consigue humor inglés. Hay momentos en los que la propia tensión desencadena en risa porque no se puede más. Risa nerviosa de alivio.

Es inevitable que se le siga preguntando por Barrio Sésamo. ¿Qué queda de aquella niña?

Ha habido etapas. Nos pasará a todos los que hemos empezado tan pequeños, hay momentos de amor y de odio con esta etapa. Yo ya me he reconciliado definitivamente. No sé por qué en momentos estaba tan enrabietada con esa época de mi vida. Ahora me parece absurdo, aprendí muchísimo, me dio un sentido de la disciplina increíble. Mis padres no me obligaron, yo decidía, estaba ahí por voluntad propia. No sólo no le tengo rencor sino que me parece fascinante, casi lo recuerdo como algo que no tiene que ver conmigo. Iba al colegio, hacía esto… y podía con todo. Lo veo con mucha distancia, como si no perteneciera a mi infancia. En la adolescencia le tenía rabia. Ser la amiga de Espinete como que no tenía glamour (ríe).

Y de pronto se ‘desnudó’ en Días contados y se llevó el Goya y la Concha de Oro con 19 años.

Le tengo un gran amor a Días contados, es la película que me parió. Tengo muy buen recuerdo porque fue como dedicarme a lo que quería hacer desde pequeña. No quería salir en la tele, yo quería ser actriz. Encontrarme a Charo, de Días Contados, fue un regalazo.

¿Sueña con otro papel así?

A todos nos gusta que nuestro trabajo se vea. Necesitamos exponernos. Una película con esa repercusión… quién no sueña con ello. Lo miro con una nostalgia relativa, lo he vivido, lo tengo y no me lo quita nadie. Las siguientes experiencias han sido buenos, regulares… pero siempre hay un paso que no esperabas dar y siempre busco la lección que tengo que aprender.

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